El veto presidencial encendió la mecha. Cuatro gobernadores se reunieron en Córdoba y lanzaron un mensaje político directo al corazón de la Casa Rosada. La alianza “Provincias Unidas” se muestra como un bloque que no quiere ser furgón de cola ni del libertarismo ni del kirchnerismo. La tensión escala y el tablero nacional se sacude.
No fue una cumbre protocolar. Fue un grito de guerra.
Martín Llaryora (Córdoba), Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Carlos Sadir (Jujuy) y Gustavo Valdés (Corrientes) aterrizaron en Río Cuarto con un objetivo: mostrar fuerza y plantarse frente al poder central después de que Javier Milei reventara la ley de distribución de fondos con un veto total.
En la mesa también se sentó Juan Schiaretti, el veterano armador cordobés, que ofició de padrino político. Entre mates y discursos en la Exposición Rural, la consigna se repitió: “Producción, gestión y autonomía frente a la motosierra”.
El faltazo de Ignacio Torres (Chubut) y Claudio Vidal (Santa Cruz) no opacó la foto. La postal de unidad ya estaba lograda. Y con ella, el mensaje.
El campo fue el escenario y también la excusa. Los mandatarios se mostraron con dirigentes rurales y lanzaron críticas al modelo económico libertario. “El interior no puede pagar siempre los platos rotos”, fue la frase que marcó el tono de la jornada.
La señal es clara: no quieren ser oposición testimonial, sino una alternativa real. Una tercera vía que huye tanto de la motosierra como del pasado K.
El Gobierno observa, inquieto. La fractura territorial es la peor pesadilla de la Rosada: sin gobernadores, no hay gobernabilidad.
La guerra silenciosa ya empezó.
La pregunta es inevitable: ¿será esta rebelión el germen del nuevo poder que desplace a Milei en 2027?

