El expresidente prepara una cumbre nacional con sus candidatos para fijar posición y recuperar centralidad. El movimiento, que llega tras un guiño de Bullrich, expone la tensión interna de un partido que se debate entre ser socio o espectador del poder libertario.
Mauricio Macri sintió el vacío de poder y se prepara para llenarlo. En una jugada de alto impacto político, el expresidente activó su «operativo retorno» y convocará la próxima semana a una cumbre en la Ciudad de Buenos Aires con todos los candidatos del PRO del país. El objetivo es doble: dar una muestra de cohesión interna en un espacio golpeado por la sangría de dirigentes y, sobre todo, fijar una postura definitiva sobre la naturaleza de la alianza con el gobierno de Javier Milei. La reaparición, calculada y potente, no es casual; llega justo después de que Patricia Bullrich, hoy ministra de Seguridad, blanqueara la necesidad de reconstruir puentes con su antiguo jefe político.
El evento es mucho más que una foto de campaña. Es la respuesta de Macri a semanas de especulaciones y a una distancia cada vez más notoria con la cúpula del poder libertario, agudizada tras el revés electoral en la provincia de Buenos Aires. Según fuentes del PRO, el expresidente entiende que el vínculo con La Libertad Avanza entró en una zona de indefinición que daña a su partido y beneficia a segundas líneas que buscan pescar en río revuelto. «Mauricio cree que es hora de ordenar la cancha», confiesa un armador de su círculo íntimo.
La cumbre funcionará como un sinceramiento brutal. Macri busca dejar en claro que, si bien el apoyo a la gestión de Milei se mantiene, el PRO no será un actor pasivo ni un mero espectador. El respaldo a sus candidatos es un mensaje directo hacia adentro y hacia afuera: el partido tiene vida propia, liderazgos territoriales y no está dispuesto a ser absorbido sin condiciones.
Este movimiento tectónico cobra mayor relevancia por el «guiño» previo de Patricia Bullrich. La ministra, quien encabeza la lista para el Senado en la Capital, admitió públicamente la importancia de fortalecer la alianza y restablecer el diálogo con Macri. Su entorno sabe que, para la crucial batalla porteña, necesita mostrar unidad y contundencia, especialmente cuando figuras como Ricardo López Murphy amagan con atraer al votante desencantado del PRO.
Sin embargo, el escepticismo persiste en varios sectores del partido. El vínculo entre Macri y Bullrich quedó resentido desde que ella aceptó el ministerio sin una negociación orgánica. Además, la falta de un llamado directo de Milei al expresidente tras los últimos resultados electorales es leída en el PRO como una señal de distancia. «El teléfono no suena, y no es Mauricio quien tiene que llamar», resumen con frialdad cerca del exmandatario. La reaparición de Macri, por lo tanto, es también una forma de forzar esa conversación y redefinir los términos de un acuerdo que, para muchos en el PRO, hoy parece más una ficción que una realidad.



