Llegar cansados a fin de año se volvió casi una costumbre social, como si el agotamiento fuera el precio inevitable de cumplir. Entre cierres laborales, actos escolares, cenas de despedida y la organización de las fiestas, muchos llegamos al 24 de diciembre en modo «supervivencia», agotados física y emocionalmente, un cansancio que no se va ni durmiendo. Desde el Coaching Ontológico, la disciplina que estudia el lenguaje y el sentido de nuestro ser, la clave de este agotamiento no está solo en la cantidad de tareas, sino en el lenguaje con el que las habitamos.
El peso de los mandatos
Nuestra realidad se construye a través de nuestras conversaciones. Cuando decimos «tengo que» (ir a esa cena, terminar este informe, comprar el regalo perfecto), nos situamos en un lugar de falta de libertad. El «tengo que» opera como un mandato externo, una carga que nos convierte en víctimas de compromisos que sentimos que no nos pertenecen.
Para no llegar exhaustos a la mesa navideña, te propongo una guía práctica de tres pasos para aliviar esa mochila:
- Del «tengo que» al «elijo»
La primera herramienta es rediseñar nuestras conversaciones. Tomá tu lista de pendientes y reemplazá el «tengo que» por un «elijo».
- Si decís: «Elijo ir a esa reunión», estás reconociendo el valor que esa relación tiene para vos.
- Si no podés decir «elijo» honestamente, entonces preguntate: ¿Qué precio estoy pagando por hacer algo que no quiero? El coaching nos invita a ser coherentes entre lo que sentimos, pensamos y hacemos.
- La dignidad del «NO»
Socialmente se confunde ser «buena persona» con estar disponibles para todo y todos. Sin embargo, el NO es una de las declaraciones más poderosas, que te permite establecer límites, proteger tu autoestima y productividad, y genera una realidad diferente, permitiéndote honrar tus compromisos y prioridades. Decirle «no» a un compromiso social agotador o a una exigencia familiar desmedida es, en realidad, decir «SÍ» a tu propia paz mental. No necesitás dar explicaciones infinitas; un límite claro y amoroso es suficiente.
- Soltar el ideal de «Perfección»
Muchas veces la exigencia viene de un juicio interno: «Si no está todo perfecto, fallé». El perfeccionismo es una conversación que nos cierra posibilidades. Este año, te invito a diseñar tu propio nivel de «suficiencia». ¿Qué es lo que realmente necesitás para disfrutar? A veces, una mesa sencilla con personas que queremos vale más que un banquete producido desde el estrés.
Una invitación final
Cada diciembre nos ofrece una oportunidad silenciosa: revisar desde dónde estamos viviendo lo que hacemos. Tal vez no se trate de sumar más obligaciones, sino de animarte a elegir con mayor conciencia.
Aliviar el peso de los “tengo que” quizás no cambie tu agenda, pero sí transforma la manera en que vivís diciembre. Y en ese pequeño giro, donde elegís presencia antes que perfección, puede aparecer algo que escasea más que el tiempo: la calma.
Que este fin de año te encuentre habitándote con más presencia, para alcanzar la paz y calma que tanto buscás.
Por: Bárbara Jacqueline Lorenzo Coach Ontológico Profesional

